Comparación rápida del recorrido Transpyr 2015 y 2016

Según el último comunicado oficial de la organización de la Transpyr Gran Raid MTB 2016, “las condiciones climatológicas y las últimas lluvias caídas en el Pirineo nos han obligado a hacer algunas variaciones en el recorrido”.  A partir de un rápido análisis de los cambios en el recorrido, y según mi experiencia en la Transpyr del año pasado, ofrezco los siguientes comentarios:

Advertencia: este análisis lo he realizado usando el programa Land de CompeGPS, comparando los segmentos que cambian entre los dos tracks, y anotando la longitud, desnivel  positivo acumulado, descenso negativo acumulado, porcentaje medio y porcentaje máximo de desnivel. Después he observado el track sobre fotos de satélite para intentar identificar el tipo de terreno por el que circula el track (carretera, camino, sendero, etc) y ver así las variaciones. Por tanto estos comentarios están sujetos a un margen de error y no deberían tomarse como 100% fiables. Es responsabilidad de cada corredor estudiar el recorrido y preparar la etapa de manera acorde.

1ª etapa: Roses – Camprodon

El cambio más significativo en esta etapa es que el tramo más duro, la subida para coronar y empezar a bajar hasta el avituallamiento de Oix, ha desaparecido. De hecho el avituallamiento de la “merienda” en esta etapa ha pasado a situarse en Can Bundancia, y se adelanta bastante. Si en 2015 del avituallamiento de la comida en Beuda hasta el de Oix había 29km, ahora hasta el de Can Bundancia hay solo 22km. Además, antes de juntarse de nuevo los dos tracks a pocos kilómetros de Sant Pau de Seguríes, el track del 2016 realiza un ascenso continuado mientras que el track del año pasado sube y baja, sumando mucho menos desnivel (la mitad).

2ª etapa: Camprodon – La Seu d’Urgell

Saliendo de Camprodon y hasta iniciar la subida a la Collada Verda se evita la carretera, esto es una característica que se irá repitiendo en los cambios de este año, hay menos carretera, aunque sea pocos kilómetros.  La manera de coronar para iniciar el descenso a la estación de La Molina es muy diferente, posiblemente se ha variado para evitar un tramo muy complicado: un sendero no ciclabe en su mayoría de 800 metros y 174 metros de desnivel positivo, con una pendiente media del 22%. Es más largo, pero menos extremo, algo que también creo que es otra de las características de estos cambios.

3ª Etapa: La Seu d’Urgell – Pont de Suert

Se cambia el avituallamiento de Castellas (ya no estará el señor con su acordeón?) por otro en Espaen, para evitar de nuevo la carretera. El inicio de la bajada a Gerri de la Sal después de pasar por el pueblo abandonado de Sant Sebastià de Buseu es mucho más directa, por sendero y cortafuegos, en vez de por la pista. Y llegando a Gerri de la Sal, el descenso es de nuevo mucho más directo y empinado (porcentaje medio del 13,5% en vez del 6,5% en 2015), evitando de nuevo una pequeña carretera local. Saliendo de Gerri de la Sal de nuevo se evita la carretera y se circula paralelo a la nacional y al río Noguera-Pallaresa hasta iniciar de nuevo el ascenso.

4ª Etapa: Pont de Suert – Aínsa

El cambio más importante es que en la bajada hasta el río Esera, antes de iniciar la ascensión a la Collada, se hace por el Valle del Bardají en vez de por el Valle del Esera (que sigue al río y la nacional). De nuevo se evita un tramo de carretera nacional de 9km. Creo que las vistas de este nuevo valle que visitaremos son magníficas.

5ª Etapa: Aínsa – Jaca

La única diferencia entre los tracks es el recorrido que se hace para coronar el pico de Oturia, desde donde se baja al Valle del Aragón por un descenso muy técnico. Si en 2015 se subió por la vertiente del valle del Alto Ara para coronar el Pico de Oturia, este año se sube por la misma vertiente del valle del Aragón, subiendo y carenando hasta el Pico de Oturia.

6ª Etapa: Jaca – Burguete/Roncesvalles

Ningún cambio en el recorrido de la etapa.

7ª Etapa Burguete/Roncesvalles – Hondarribi

El año pasado se varió el recorrido de la salida sobre el previsto y este año se mantiene la variante usada el año pasado, es un tramo muy corto. El avituallamiento de Erratzu se pasa a Elizondo, lo que no nos ahorraremos será el ”muro de la Transpyr”, 300 metros de desnivel positivo en 2km, primero de asfalto y luego pista, con un porcentaje medio del 15% (¡y máximo del 43%!). Una vez pasado el control horario definitivo en el Collado de Lizaieta, en el que uno sabe definitivamente si es finisher o no, solo queda bajar hasta Hondarribi. Pero aunque es “bajada” el recorrido de 2015 nos regaló un par de subidas que se nos atragantaron un poco, no solo por el cansancio, sino porque uno se preguntaba… “¿por qué?”. ¿Por qué no se nos regala un plácido descenso lo más directo posible hasta la playa de Hondarribi? Pues bien, este año parece que la organización se ha apiadado de nosotros y ha simplificado un poco el descenso, quitando un tramo de subidas y bajadas, ahora se sube menos y se baja también menos, y se hace un kilómetro menos.

Transpyr 2015 Etapa 7: Burguete – Hondarribi

A la mañana siguiente me levanto encontrándome muy mal, principalmente por el ardor de estómago y porque me siento muy débil, posiblemente también me encuentre algo deshidratado. El ardor de estómago hace que no me apetezca nada comer, pero aún nos queda una etapa por recorrer y no puedo montarme en la bici sufriendo de una “pájara” antes incluso de salir. Bajo al bar del hostal y para mi sorpresa e indignación, de nuevo no puedo disfrutar de todo lo que en teoría puede ofrecer el restaurante, ya que a las siete de la mañana el cocinero aún no está. La verdad es que no tengo ni fuerzas para rebelarme contra la situación y pido un café con leche con madalenas. Quiero largarme de Roncesvalles lo antes posible, llegar a Burguete y pedir algo al servicio médico para mi ardor de estómago. Dejo la maleta en recepción, y cojo el autobús lanzadera hasta la salida de la etapa.

Ya que la fortaleza física brilla por su ausencia, hay que tirar de fortaleza mental.

Ya que la fortaleza física brilla por su ausencia, hay que tirar de fortaleza mental.

En la ambulancia hay cola a estas horas de la mañana. Vaya panorama y vaya caras. La médico me ve venir, estoy muy pálido, y antes de que diga nada le pido algo para el ardor de estómago. “Ah, si es eso, toma, pero si estás mal no sales eh?” De eso nada, estoy decidido a salir y a llegar a Hondarribi, pese a que me encuentro fatal, muy débil. Pero es la última etapa y hay que llegar como sea. Me pongo en modo “autorrescate”, una estrategia de mi invención que mezcla el autoconocimiento de mi cuerpo con una técnica de distracción mental y de efecto túnel sobre lo auténticamente importante. En este caso se trata de ahorrar el máximo de fuerzas, correr los mínimos riesgos posibles y no parar de alimentarme y de beber, sin dejar de pensar al mismo tiempo que voy a ir encontrándome mejor a medida que pasen los kilómetros.

Atención al rostro totalmente pálido...

Atención al rostro totalmente pálido…

Por primera vez en toda la Transpyr me pongo el cortaviento, ya que aunque no hace frío, me encuentro totalmente destemplado. Los voluntarios de la Transpyr, los trabajadores de +QueBici, familiares y amigos de los corredores, todos nos hacen un pasillo de ánimos y aplausos. Voy a necesitar todos esos ánimos en el día de hoy, porque de ninguna manera voy a tirar la toalla, y menos el último día, cuando la meta está ya tan cerca.

Saliendo de Burguete tenemos unos 3km de pista bastante favorable, casi sin apenas desnivel, pero en seguida empieza una subida de 2km con una media del 9% y algún repecho mortal con un gradiente del 23%. Es en estos primeros kilómetros de la etapa donde he de hacer un mayor esfuerzo, mis fuerzas son mínimas, ya no es cuestión de dosificar, es que no hay más. Al mínimo repecho me bajo y empujo, es lo que hay. Solo espero coronar y poder mejorar poco a poco a medida que avance la mañana. Llegamos a la cima, que está en un hermoso prado envuelto en las brumas de la mañana. Por fin. Pero el peligro no ha pasado aún. Aunque voy comiendo algo, a pesar de que el ardor de estómago lo convierte en una tarea penosa, aún me siento muy débil, y la bajada puede ser un problema. Necesito estar concentrado en el descenso, son 10km en los que bajamos 660m, por una pista con bastantes piedras y roderas. No tiene una dificultad excesiva, pero en mis condiciones es mejor ser prudente y no dejarse llevar. Mientras bajo me paro a fotografiar a dos caballos que pacen en la ladera del monte. Me digo “¡a esto también he venido!”, es quizás una manera de quitarle dramatismo al asunto, de aparentar normalidad, porque aún voy muy flojo de fuerzas.

Olvida el reloj por un momento y disfruta del entorno.

Olvida el reloj por un momento y disfruta del entorno.

En esta etapa todas las precauciones son pocas.

En esta etapa todas las precauciones son pocas.

El track sigue bajando pero ahora con mucha menos pendiente y por carretera, estamos en Francia, atravesando Urepel y siguiendo la carretera hasta Aldudes. Son unos kilómetros muy favorables, de suave bajada, atravesando un precioso valle. Saliendo de Aldudes tomamos un desvío y nos encontramos con uno de los tramos más complicados de la Transpyr. Le llaman “el muro de la Transpyr”: 300 metros de desnivel positivo en 2km, con un porcentaje medio del 15% (¡y máximo del 43%!), que corona muy cerca de la línea divisoria entre los dos países. Ya antes de enfrentarme a este reto, tengo un percance tonto que podía haberme costado muy caro. Antes de empezar la subida hay un paso canadiense para el ganado, el típico foso cubierto con una rendija metálica. Voy ya empujando la bici, porque no me veo con fuerzas para la primera rampa y sin darme cuenta se me cuela una pierna por una de las rendijas del paso canadiense. Por suerte me paro en seco y no me rompo la pierna, tan solo me hago un pequeño corte en la rodilla. No hay que bajar la guardia nunca, esa es la lección en una prueba como esta, cualquier detalle puede arruinarte el maillot de finisher.

Después de coronar el famoso "muro", con vistas a este bonito valle.

Después de coronar el famoso “muro”, con vistas a este bonito valle.

Tengo más ganas que nunca de llegar al siguiente avituallamiento. No es que tenga hambre, sigo con el estómago ardiendo y débil, pero por lo menos descansaré y comeré algo más variado que los trocitos de barrita que intento masticar y tragar desde que salimos de Burguete. Son 8,5km de descenso, con un par de subidas notables de entre 1,5 y 2km, hasta llegar al avituallamiento de Erratzu. Avanzamos por pistas y por caminos asfaltados locales, pero poco antes de llegar a Erratzu atravesamos un sendero de 2,6km que se convierte en una tortura para mí. Tiene algunos tramos realmente complicados en los que avanzamos sorteando grandes piedras, raíces y escalones en medio de árboles que quieren cerrarnos el paso. Una rama baja golpea mi casco. El golpe no es muy fuerte, pero es un toque de atención, de nuevo, no puedo bajar la guardia. Ya no son solamente las fuerzas sino también la atención lo que debo conservar. Por suerte emergemos de nuevo a un camino y llegamos sin más problemas al avituallamiento.

Estoy hecho una piltrafa humana, han pasado 3 horas desde la salida en Burguete, hemos recorrido solo 32km y sigo sin recuperarme, pese a haber ido comiendo durante todo el camino. Pasa por mi mente el concepto “abandono”, y me planteo si las ganas de llegar a Hondarribi como finisher deberán dejar paso al sentido común… Una chica de la organización que está atendiendo el avituallamiento me ve y me pregunta por mi estado. Le explico cómo estoy y que mi plan es ir comiendo a ver si me recupero. Aunque en el avituallamiento del desayuno no sirven coca cola, la chica se apiada de mí y se acerca dónde estaba sentado y me trae un vaso de coca cola. No había tomado ningún gel por temor a empeorar mi ardor de estómago, pero esta bebida azucarada surge su efecto, o quizás acaba de aportarme la energía necesaria para que me encuentre, por primera vez en la etapa, un poco mejor.

Saliendo de Erratzu nos quedan 7,6km de suave ascensión por caminos y pistas hasta llegar a la carretera, mientras pedaleamos entre caseríos, cobertizos, prados y huertos. Apenas entramos en la carretera, con un gradiente positivo muy llevable del 5%, me siento mejor, mucho mejor. Pedaleo con algo de alegría y ganas, y además de fuerzas renovadas, sobre todo me siento muy animado. Y eso en los momentos en que las cosas se complican, es muy importante. ¡Las piernas importan, pero la cabeza es fundamental!

Y menos mal que me estoy recuperando, porque después de 2km por la carretera encaramos una pista que durante 5km irá subiendo con un porcentaje medio del 6%, pero con rampas duras de hasta el 25%. Es mediodía, subimos al descubierto y el calor de nuevo es insoportable. Paramos a mojarnos en un riachuelo, a beber, a mirar lo que queda por subir… La última etapa parecía fácil sobre el papel, pero está resultando muy dura. Poco antes de coronar hay una arboleda que proyecta una enorme zona sombría, hay un grupo de ciclistas descansando. Paramos apenas para saludar pero seguimos, queremos llegar lo antes posible. Quedan solo 15km hasta el avituallamiento del collado de Lizaieta, donde además se encuentra el último control de paso horario de esta Transpyr. Si llegamos a tiempo, ya seremos finishers, no importa la hora a la que lleguemos a Hondarribi (aunque también hay prisa por llegar a la meta final, ¡claro está!).

El trayecto es en principio favorable, pues vamos descendiendo, pero el perfil es ondulado, se baja, pero también se sube. El paisaje es precioso, vamos carenando entre montes, por pistas pero también por senderos entre mares de helechos y otros arbustos bajos. Hay alguna zona técnica, con mucha piedra, que nos desespera.

De repente, el mar a lo lejos. Casi no le doy importancia en el momento, pero es la primera vez que vemos el mar desde que abandonamos el mediterráneo en Roses. Casi lo tenemos, la travesía entre dos mares, ¡la Transpyr puede ser nuestra!

Así de simple, si llegas aquí a tiempo, eres finisher de la Transpyr.

Así de simple, si llegas aquí a tiempo, eres finisher de la Transpyr.

Paisaje después de la batalla... cansados pero contentos.

Paisaje después de la batalla… cansados pero contentos.

Llegamos al avituallamiento del collado de Lizaieta después de seis horas de etapa, con tiempo de sobra. La verdad es que la llegada es un poco anticlimática, confieso no enterarme muy bien de lo que pasa, desventajas de no haber asistido al briefing de etapa de ayer. Atravesamos el checkpoint, suena un pitido, y ya está, ya somos finishers. Pero pronto me inundan otras emociones. Lo he conseguido, y además con un último día muy malo, en el que incluso me plantee abandonar.

Me como un mini bocadillo con una coca cola, que me saben a gloria. Los ciclistas están esparcidos a la sombra de un gran árbol. Todos nos saludamos y nos felicitamos. Permanecemos más de media hora en el avituallamiento, una de las paradas más largas de toda la Transpyr. Pero aún hay que llegar a Hondarribi. No sé si en broma o en serio, un ciclista sentado en el suelo les dice a sus compañeros que no, que él no sigue. Faltan 35km hasta la meta, que está en la playa de Hondarribi. Estamos ahora a 452m de altura sobre el nivel del mar, e inocentemente pensamos que nos han preparado un descenso cómodo y triunfal hasta meta. Pero aunque suene a tópico, en la Transpyr no te regalan ningún kilómetro, aquí hay que sufrirlos todos. El track baja, pero también sube y de nuevo nos desesperamos con un par de subidas, una de 2km al 9% y otra de 1km al 9,5% por pistas bastante rotas. Vamos cabreados, y como además vamos acompañados de Íñigo, que se conoce la zona, nos damos cuenta en seguida que el camino a Hondarribi no es precisamente el más fácil de los posibles. De todas formas la estrategia a seguir es muy sencilla: seguir dando pedales y vencer a la adversidad enterrándola en pura rutina, biela arriba, biela abajo. No puede pasar mucho tiempo hasta que el descenso sea ya inexorable y nos plantemos en el mar.

Y así sucede, en el kilómetro 80,5 de la séptima etapa de la Transpyr, a las 16 h 34 minutos y 18 segundos, en las coordenadas 43º º9,475’N 1º 43,75’W, a una altitud de 236m sobre el nivel del mar, empieza nuestro descenso definitivo hacia Hondarribi. No más subidas, no más rampas a partir de ahora, solo cabe no partirse la crisma por cualquier tontería y cruzar el arco de meta de manera definitiva. Casi una hora más tarde lo hacemos y damos por terminada esta Transpyr 2015, una de las ediciones más duras a causa del calor.

El fin del trayecto, ¡lo hemos conseguido!

El fin del trayecto, ¡lo hemos conseguido!

Si los momentos posteriores a cualquier esfuerzo sobre la bicicleta son siempre agradables por la satisfacción del objetivo cumplido, aunque sea después de un anónimo entreno en medio del invierno, no es difícil imaginar cuáles fueron nuestras sensaciones y nuestras emociones al cruzar la meta, después de una semana en la que hemos pasado más de 72 horas encima de la bicicleta. Alegría, un enorme bienestar, mezcla supongo de alivio y pura endorfina, y muchas ganas de celebrarlo con la familia y amigos. Después de la ceremonia de entrega de maillots y de la foto en la colina de los finishers toca recoger la bolsa, la bicicleta y abandonar definitivamente la caravana de la Transpyr.

La foto de familia en la "colina de los finishers".

La foto de familia en la “colina de los finishers”.

El equipo "Cita a ciegas" ha llegado sano y salvo a su destino, ¡gracias Íñigo por la compañía! (y a Macca, Pitu, Israel, Jordi...)

El equipo “Cita a ciegas” ha llegado sano y salvo a su destino, ¡gracias Íñigo por la compañía! (y a Macca, Pitu, Israel, Jordi…)

Un punto de tristeza sí que da que se acabe todo, pero ahora hay que celebrar y descansar (en ese orden).

Un punto de tristeza sí que da que se acabe todo, pero ahora hay que celebrar y descansar (en ese orden).

Al llegar al apartamento, tras la ducha, no sabía bien cómo iba a reaccionar mi cuerpo, ¿desfallecería? Unas cervezas y unas tapas más tardes me di cuenta que no, que esa noche se iba a alargar más allá de las dos de la madrugada tras una tremenda cena y una animada sobremesa. Lo que no me esperaba es que a la mañana siguiente mi cuerpo iba a despertarse a las seis de la mañana, ¿listo quizás para una nueva etapa?, sin ninguna intención de seguir durmiendo. Y allí fue, en la terraza del apartamento sobre la playa de Hondarribi, mirando algunas de las fotos hechas durante la Transpyr, que empecé a darme cuenta de lo que acabábamos de hacer.

Transpyr 2015 Etapa 6: Jaca – Burguete

Salida de la 6º etapa desde la Ciudadela de Jaca.

Salida de la 6º etapa desde la Ciudadela de Jaca.

Los números de la etapa de hoy asustan un poco, son 135km y 3200m de desnivel positivo acumulado, que nos llevarán de Jaca, en Huesca, a Burguete, en Navarra. Mirando el perfil de la etapa la cosa parece que no es tanto. Sí, son muchos kilómetros, pero no hay ascensiones importantes hasta el kilómetro 85, de manera que podremos llevar una velocidad media mayor durante la mayor parte de la etapa, y de esta manera no será tan dura como las puras cifras lo indican. Los primeros 34km transcurren por el valle del Aragón, más o menos siguiendo el cauce del río del mismo nombre. Aunque hay un desnivel negativo de 150 metros entre Jaca y el avituallamiento de Binies, vamos subiendo y bajando por un terreno abierto, cruzando riachuelos, subiendo y bajando por pistas de tierra, ahora compacta, ahora pedregosas. Comparado con el ritmo normal de la Transpyr, avanzamos rápido, unos 16km/h de media.

Mojándonos los pies en el río Estarrun.

Mojándonos los pies en el río Estarrun.

Se nota que todo el mundo ha pensado lo mismo, que hay que aprovechar este terreno favorable para avanzar lo más rápido posible. El pelotón se estira y puedes ver en la distancia pequeños grupos. Esto hace un poco más difícil mantenerse orientado respecto a tu grupo, ya que no vamos todos juntos y de repente no sabes si tus compañeros van en el grupo que llevas delante o bien están por detrás. Después de cruzar Javierregay hay un tramo de carretera de unos 5km, perfectamente recto, me pongo delante e intento tirar con la esperanza de que alguien me de algún relevo, pero la organización brilla por su ausencia y me quedo solo tirando en cabeza. Poco después de abandonar la carretera atravesamos Santa Engracia de Jaca, y pensando que mis compañeros se me han ido por delante, me pongo a tirar como un loco para alcanzarlos, ¡cuando en realidad van por detrás! Llego a Binies y me doy cuenta de mi error, pero al cabo de unos pocos minutos nos reagrupamos de nuevo en el avituallamiento.

Parroquia de Villarreal de la Canal.

Parroquia de Villarreal de la Canal.

Saliendo de Binies el recorrido abandona el valle del Aragón y empieza a dirigirse hacia el norte. El terreno empieza a cambiar. Seguimos circulando por pistas compactas con algunos tramos más pedregosos que otros, con frecuentes rampas y descensos, pero poco a poco la vegetación se hace más densa y pronto estamos cruzando bosques de pinos bastante frondosos. Recorremos 32km, ascendiendo 539m, por pistas, hasta llegar a Salvatierra de Esca, donde cogemos la carretera durante 6,7km hasta llegar al avituallamiento de Burgui. La carretera pica un poco hacia arriba, pero circulamos por asfalto, por una bonita carretera que sube por el valle del Roncal, paralela al río Esca y en menos de 20 minutos estamos en Burgui.

Llegando al avituallamiento de Burgui, cruzando su bonito puente medieval.

Llegando al avituallamiento de Burgui, cruzando su bonito puente medieval.

El avituallamiento está en la orilla del río, junto a un impresionante puente medieval. Las temperaturas siguen siendo altísimas, y la visión del río junto al avituallamiento hace que muchos corredores piensen lo mismo… para no perder demasiado tiempo opto por quitarme botas y calcetines y comer refrescándome las piernas en el río. ¡Hay quién zambulle y todo! Creo que es el avituallamiento en el que nos demoramos más, 35 minutos de disfrute a la sombra y refrescándonos en el río.

Un gran lugar para poner un avituallamiento.

Burgui y su puente, un gran lugar para poner un avituallamiento.

Pero estamos solo en el kilómetro 73 y nos queda más o menos la mitad de la etapa, y además ahora es cuando llegan las ascensiones importantes. Saliendo de Burgui nos esperan unos 9km por carretera en suave ascenso, hasta que abandonamos la comodidad del asfalto e iniciamos una subida sobre la que veteranos de la prueba ya nos habían advertido. Son apenas 2,6km que empiezan como un inocente sendero y que paulatinamente se va complicando, el sendero se rompe entre piedras y raíces mientras que los porcentajes de ascenso, cuya media es del 10%, se asoman al 30%. Como ya nos habían advertido, llega un momento en el que toca empujar la bici. Tardamos 42 minutos en recorrer los 2,6km, ¡a una patética velocidad media de 3,8km/h!

Coronando después de empujar mucho.

Coronando después de empujar mucho.

Una vez coronamos, iniciamos el descenso hasta el pueblo de Iciz. Son 5,3km por caminos, excepto por casi 1km que transcurre por un hermoso sendero en medio del bosque. Se agradece circular por la sombra, porque el calor sigue siendo muy intenso. Tanto es así que encontramos una enorme cañería de la que sale un agua helada y nos paramos a remojarnos, sobre todo la cabeza.

Una oportunidad así no puede desperdiciarse, el calor sigue siendo asfixiante.

En Iciz, una oportunidad así no puede desperdiciarse, el calor sigue siendo asfixiante.

En Iciz volvemos a la carretera, que seguiremos durante 7 kilómetros bastante favorables, a velocidad media de 22km/h, hasta llegar a Sarriés. Nada más abandonar la carretera atravesamos Ibilcieta, donde se inicia el penúltimo y más duro ascenso de la etapa. Son 11,5km al 5,2% de media, con gradientes máximos del 27%, que empieza como una pista de grava y acaba como un camino de tierra, aunque en bastante buen estado. Cuando coronamos nos quedan 9,4km hasta el último avituallamiento en Aburrepea, aunque vamos descendiendo no nos ahorramos alguna rampa del 10%. Llevamos 118km y más que cansados, que lo estamos, nos sentimos hartos ya de la bicicleta. Sí, a veces uno se siente así, después de seis días de calor infernal por los Pirineos, de estar pendiente del reloj y del cuentakilómetros, en una etapa así de larga, uno se siente harto.

Genuino gesto de felicidad, por fin llegamos al último avituallamiento antes de meta.

Genuino gesto de felicidad, por fin llegamos al último avituallamiento antes de meta.

De todas formas los avituallamientos son siempre una “fiesta”. Los familiares de unos corredores van siguiéndoles y esperándoles en los avituallamientos. Por su aspecto diría que son nórdicos, viajan en un gran coche familiar, la familia al completo, y no se ahorran ni aplausos ni vítores. Tanto a sus familiares como al resto de corredores. También sigue en la brecha el sudafricano a quien acompañamos en la segunda etapa. Cocido por el calor que aún hace a las seis de la tarde y a 900 metros de altitud, se mete entero en un abrevadero de animales que hay junto al avituallamiento. Nosotros también nos remojamos, pero de manera menos espectacular.

Alguién nos sopló que de dentro de un cobertizo manaba un agua helada riquísima.

Alguién nos sopló que de dentro de un cobertizo del pueblo de Aria manaba un agua helada riquísima.

Nos quedan aún 19km hasta el final de etapa, de los cuales 8,8km son por carretera (casi todos de bajada). En Aria empieza la última subida del día, por caminos rurales, aunque el track se mete por una vereda muy frondosa que nos hace maldecir, y no es la primera vez esta etapa, a los organizadores. Realmente en el grupo vamos “calentitos”, el día se nos está haciendo muy largo y no vemos el momento de llegar a Burguete. Finalmente, después de una bajada a toda velocidad por en medio de un prado, llegamos a Burguete tras 11h 48min de etapa. Todo se olvida tras pasar por el arco de meta, especialmente hoy: solo queda ya una etapa.

El ambiente en la zona de masaje se mueve entre el agotamiento y la felicidad. Hoy la gente de +QueBici está trabajando en una especie de escuela, repartidos entre las diferentes estancias. En la sala donde estoy hay cuatro o cinco camillas, y se inicia una espontánea tertulia entre masajistas y masajeados sobre los clásicos del cine. Es una escena algo surrealista, quizás porque también necesitamos descansar la mente, la conversación ayuda también a destensar nuestra cabeza, que momentos antes había entrado en un terrible bucle donde solo caben kilómetros, desniveles y el tiempo que falta para llegar a meta.

El sitio donde pasaré la noche está en Roncesvalles, a unos pocos kilómetros de la llegada en Burguete, así que tomo un autobús lanzadera que va haciendo el trayecto para llegar a Roncesvalles, después de dejar la bici con los mecánicos. Hoy vuelve a ser tarde, hemos llegado casi a las ocho, y cuando llego a mi hostal (Casa Sabina) y estoy instalado y duchado son ya casi las nueve y media de la noche. Bajo a comer y me topo con los peculiares horarios de la restauración en Roncesvalles: la cocina propiamente dicha está ya cerrada, apenas me pueden cocinar una hamburguesa con patatas. Dado que al lado de mi hostal está el hotel Roncesvalles y otro bar, intento la estrategia de la doble cena: comer aquí lo que sea y salir disparado hacia otro local para acabar de cenar. Como a toda velocidad y me planto en el hotel Roncesvalles, donde por suerte como un plato de pasta. He comido muy rápido y no muy bien y para acabarlo de empeorar, antes de subir a mi habitación compro un helado para comérmelo en la habitación. La cena no me ha sentado demasiado bien a juzgar por cómo me siento, pero el helado está bueno y me lo tomo entero. La obsesión por comer ha hecho que coma muy rápido, y mi estómago, que normalmente es resistente y todo terreno, empieza a resentirse después de casi una semana de excepción.

Paso una muy mala noche. Hace mucho calor, tengo un horrible ardor de estómago y diarrea que me obliga a levantarme varias veces durante la noche.

Transpyr 2015 Etapa 5: Aínsa – Jaca

Salida desde la Plaza Mayor de Aínsa.

Salida desde la Plaza Mayor de Aínsa.

Después de la satisfacción de ayer y tras un estupendo desayuno, el día empieza con optimismo, ya que la etapa de hoy también es de las “cortas”, 95km y 2100m de desnivel positivo. Por otro lado es una etapa “fácil de interiorizar”. Consiste en una larga ascensión de 60km hasta casi coronar el pico de Oturia, seguido de un abrupto descenso hasta el Valle de Aragón y después casi 20km de ascensión progresiva hasta bordear la espectacular Peña Oroel para descender finalmente hasta Jaca.

Tras bajar desde la Plaza Mayor de Aínsa entramos en seguida en pistas de tierra, iremos remontando el curso del río Ara durante 10km en un recorrido plano hasta que en Boltaña nos incorporamos a la N-260. Circulamos por la carretera nacional durante 7,8km, ganando altura, pero de manera muy suave. Tras una curva cerrada salimos de la nacional y volvemos a las pistas después de cruzar el río Ara por un bonito puente de piedra y madera.

Atravesando el río Ara.

Atravesando el río Ara por el puente colgante de Jánovas.

Tenemos por delante 14,7km por caminos rurales bastante cómodos, y aunque continuamos ascendiendo los porcentajes son muy suaves, puntuados por algún repecho muy corto. Al final de este tramo tenemos el primer avituallamiento en Fiscal, donde sigo dándole a la sandía (entre otras cosas). Es mi alimento milagroso de esta Transpyr, el perfecto remedio para el asfixiante calor que seguimos padeciendo: aporta agua y los azúcares naturales de esta fruta. Hemos llegado bastante relajados, dado que el terreno es favorable y sin dificultad técnica. Vamos hablando y conociéndonos un poco más. De nuevo me doy cuenta que el mundo es un pañuelo, ¡resulta que dos integrantes del grupo son buceadores como yo y tenemos muchos amigos comunes por la Costa Brava catalana!

El pueblo abandonado de Jánovas.

El pueblo abandonado de Jánovas.

Comiendo sandia en el avituallamiento de Fiscal.

Comiendo sandia en el avituallamiento de Fiscal.

Después de Fiscal empieza la subida importante de la etapa. Son 26,5km de ascensión en los que acumularemos 869 m de desnivel positivo con un gradiente medio muy llevable, del 3,1%. Aun así nos lleva tres horas llegar hasta casi la cima del monte Oturia, no es que sigamos relajados, pero los kilómetros y el desnivel acumulado hasta ahora en cuatro días se notan: 452 km y 9621 m de desnivel positivo. Dado que de momento la etapa transcurre por terreno favorable, con poco desnivel y poca dificultad técnica, aprovechamos esto para recuperar fuerzas sin dejar de avanzar, sabiendo que hoy no habrá problemas para llegar dentro de los tiempos y seguir con todas las posibilidades intactas de ser finisher. Aun así, Macca, uno de nuestros compañeros de grupeta lleva la rodilla tocada y al coronar necesita un masaje, que otro de nuestros compañeros, Jordi, le proporciona ahí mismo, tirado en un prado.

Las vistas desde el Oturia son majestuosas, vemos el valle del Aragón, con Sabiñánigo justo debajo y Jaca algo más lejos, valle arriba. Nos queda ahora descender hasta Isún de Basa, donde está el avituallamiento de la comida y después el último y menor ascenso del día, que una vez coronado nos dejará ya con solo la bajada hasta Jaca.

Cerca de coronar el monte Oturia.

Cerca de coronar el monte Oturia.

Quinta etapa  y ya disfrutando.

Quinta etapa y ya disfrutando.

Hay que bajar ahí abajo, el valle del Aragón, con Jaca al fondo, aunque no iremos "directos"...

Hay que bajar ahí abajo, el valle del Aragón, con Jaca al fondo, aunque no iremos “directos”…

El descenso hasta Isún de Basa es quizás el tramo en el que peor lo he pasado de esta Transpyr. Son tan solo 3,3km en los que se descienden nada menos que 586m, con un gradiente negativo del 17%. En el primer centenar de metros la organización nos obliga a bajar de la bicicleta, ya que el estrecho sendero transcurre junto a un barranco, pero cuando ya nos dejan montar de nuevo lo único que mejora es que ahora hay arbustos y árboles entre nosotros y el precipicio. El sendero sigue siendo muy incómodo, estrecho, lleno de piedras sueltas que impiden que fluyamos como nos gustaría. Los brazos y las manos sufren sobremanera en unos tramos en los que enlazamos curvas cerradas con pequeñas rectas, el típico zigzag que cuando lo vemos en un mapa pensamos automáticamente en que “aquí hay mucho desnivel”. Llegamos a Isún de Basa totalmente hartos de la bicicleta, pero contentos porque lo peor de la etapa ya ha pasado y a partir de ahora tendremos un terreno mucho más favorable.

La única bebida dulce que quedaba,

La única bebida dulce que quedaba,

El avituallamiento está junto al teleclub del pueblo, como no somos precisamente de los primeros en pasar por ahí casi todas las bebidas frías se han acabado y me tengo que conformar con un mosto para acompañar la deliciosa ensalada de pasta y atún proporcionada por la organización. Después de reponer fuerzas y avituallarnos de sólidos y líquidos volvemos a la bicicleta. Apenas 2,7km después de retomar la marcha llegamos al siguiente pueblo, Sardás, donde nos metemos por un corto sendero, pedregoso y roto que, tras cruzar la carretera, nos vuelve a meter por caminos locales. El sendero es corto, pero suficientemente duro para que un miembro de la grupeta pinche y debamos detenernos a reparar la rueda. De ahí hasta coronar  el paso por la Peña Oroel será una mezcla de pistas y carreteras secundarias, con algún sendero corto intercalado.

Los últimos 5km antes de empezar a bajar por el sendero que nos llevará casi a Jaca son por carretera y transcurren por el bosque, lo que contribuye a atenuar el calor que aún hace. El sendero resulta ser muy técnico, pero no está tan roto como otros y permite pasárselo bien. En apenas 1,8km descendemos 207m y ya estamos a las afueras de Jaca, donde un rebaño de ovejas parece que quiere escoltarnos hasta la ciudad.

Un respiro, asfalto y sombra.

Un respiro, asfalto y sombra.

Como sucedió ayer, la llegada es de nuevo especial. La meta está situada en la Ciudadela de Jaca, una fortificación del SXVI de forma pentagonal y que recorremos para cruzar el arco de llegada. La etapa nos ha llevado 8h 27m en los que hemos recorrido 94,7km y hemos superado 2861m de desnivel positivo.

Como para hacerme selfies estaba al llegar a Jaca.

Como para hacerme selfies estaba al llegar a Jaca.

Después de dejar la bici con los mecánicos me voy al hotel. Hoy me toca hacer colada, pero bien hecha, he ido a comprar detergente de verdad, ya que hasta ese momento lo hacía con el gel de baño que encontraba en el baño de la habitación. Como se ve en la foto, el polvo del camino me lo he llevado todo puesto. Es pronto para cenar, si esto fuese un día normal, pero después de tantas horas de pedaleo hay hambre de sobra, así que me lanzo a la búsqueda de un lugar donde picar algo. Acierto plenamente con un local, Bodegas Langa, en la plaza de San Pedro, muy cerca del hotel y de la llegada. Me zampo una tapa de migas acompañada de una cerveza de trigo artesanal de la zona mientras hago tiempo para el masaje. Más tarde ceno en una pizzería bastante maja donde pido un surtido de pasta y una ensalada.

Los mecánicos de +Quebici trabajando en mi Epic. Reconozco que es un lujo contar con este servicio, duermes mucho más tranquilo.

Los mecánicos de +Quebici trabajando en mi Epic. Reconozco que es un lujo contar con este servicio, duermes mucho más tranquilo.

Un magnífico premio.

Un magnífico premio.

Transpyr 2015 Etapa 4: El Pont de Suert – Aínsa

Aquí han dormido los ciclistas del Camp Transpyr, con sus bicis al lado, como tiene que ser.

Aquí han dormido los ciclistas del Camp Transpyr, con sus bicis al lado, como tiene que ser.

Amanece en Pont de Suert y la temperatura es fresquita, ¡ojala se mantuviese así todo el día! Hemos superado ya las tres primeras etapas. Dicen que son las más duras, y que a partir de la cuarta etapa empieza otra Transpyr. De hecho tenemos por delante dos etapas con “poco” kilometraje, “solo” 95 km cada una.

Los que van delante incluso  piden un masaje de calentamiento. Lo van a necesitar si no quieren perder comba en los primeros kilómetros.

Los que van delante incluso piden un masaje de calentamiento. Lo van a necesitar si no quieren perder comba en los primeros kilómetros.

Como amanezco contento y de buen humor por seguir en la carrera y algo más confiado de mis posibilidades, grabo un vídeo en el que muestro las pequeñas rutinas diarias en la habitación del hotel, cómo me organizo las cosas, la ropa, los cargadores, etc.

[Youtube]

La etapa empieza sin tregua, con fuertes rampas que empiezan nada más pasar por el arco de salida, son seis kilómetros de ascenso por una pista bastante rota. A partir de ahí queda todavía más desnivel positivo hasta Bonansa, ya estamos en Huesca (capital mundial), pero enseguida tomamos una carretera que sigue subiendo durante unos tres kilómetros, después llega el primer descanso del día, una bajada a tumba abierta por asfalto, 4 km de asfalto a una velocidad media de 40 km/h, ¡eso sí es avanzar! Pero los respiros en esta Transpyr duran poco, ¡concretamente seis minutos!

Nos quedan unos 4 km hasta el primer avituallamiento, en Espes, pero son por asfalto y por una carretera que transcurre por un bonito bosque, se nota que la transitan muchos ciclistas, pues tiene indicados cada kilómetro con su desnivel medio. Después del avituallamiento hay que volver a subir, de nuevo por pista de tierra, no es muy larga, apenas 5 km, pero tiene una pendiente media nada desdeñable, del 7,9%. Ascendemos lentamente, a pesar de que el calor no aprieta aún, sabemos que una vez coronemos nos quedará una larga bajada hasta enlazar con la N-260, camino del segundo avituallamiento en Senz. Paramos en la cumbre a comer un poco. La bajada es engañosa, no todo es recuperar en las bajadas en el ciclismo de montaña, las piedras, la trazada buena, la posición de ataque, todo ello desgasta y hace que consumas energía. Nos paramos a hacer fotos, el paisaje del Pirineo aragonés es espectacular, con el Parque Natural de Ordesa, el Monte Perdido y el Aneto como telón de fondo. Estoy un pelín eufórico, quizás demasiado. El último tramo de bajada antes de llegar a la carretera nacional es una pista no muy estrecha pero muy rota y con mucha piedra suelta, hay que elegir bien la trazada, pues cualquier exceso con los frenos se paga con un derrape. Llegamos a la N-260, donde miembros de la organización se aseguran de que nos incorporemos a la vía con total seguridad.

Menos fotos... ¡y más comer!

Menos fotos… ¡y más comer!

Hemos de circular durante unos 9 km por la carretera nacional antes de tomar un desvío hacia Seinz, donde está el avituallamiento. El tramo de carretera es favorable, pues vamos descendiendo, pero en un falso llano empiezo a notar señales preocupantes, no tengo nada de fuerza en las piernas. Estamos a mitad de etapa, y aún nos queda un importante ascenso antes de coronar definitivamente y empezar el descenso hasta Aínsa.

Antes de tomar el desvío y empezar a subir hasta Seinz me tomo un gel, el tramo es de carretera, unos 3,5 km en los que se ascienden 200 m, a una media del 5,8%. Son las doce y media del mediodía y el calor aprieta fuerte. Se me hacen eternos y subo de manera penosa, y sobre todo muy preocupado por mi estado físico. En Seinz me dispongo a comer a ver si me recupero, en principio parece una “pájara”, una visita del “tío del mazo”, pero por precaución me acerco a la ambulancia para que me echen un vistazo. Los niveles de azúcar en sangre son normales, esto quiere decir que el gel que me he tomado media hora antes, al notar los primeros síntomas de debilidad, está haciendo su efecto, pero aún me siento débil, sin fuerzas, con las piernas vacías. Y es que efectivamente una pájara consiste en precisamente eso, un agotamiento del glucógeno muscular que requiere reponer fuerzas y algo de tiempo para que el organismo procese los nutrientes y los haga llegar allí dónde se necesitan: mis piernas. El resto de constantes vitales es correcto, así que el plan es continuar la marcha a un ritmo sostenible y sobre todo no dejar de alimentarme. Después de unos 20 km de ascensión nos espera la mítica bajada hasta Aínsa por una espectacular red de senderos, y quiero llegar en buen estado. Al menos, mejor que ahora.

La ascensión es un ejercicio de paciencia y dosificación. El calor sigue apretando, pero por suerte entramos en un bosque frondoso en el que hay numerosos riachuelos en los que refrescarse. Al mínimo repecho duro, me bajo de la bicicleta y empujo, no quiero forzar y quiero darle a mi cuerpo tiempo para recuperarse. Hago alguna parada para descansar más y comer. Los plátanos bien maduros van a ayudarme a reponer fuerzas.

La viva imagen del ciclista apajarado.

La viva imagen del ciclista apajarado.

Tardamos casi tres horas en coronar y afortunadamente el plan de recuperación “en marcha” ha surtido efecto, poco antes de coronar ya me siento con fuerzas de nuevo. Llegamos a una fuente donde hay un nutrido grupo de corredores descansando y refrescándose. Sumidos en una terrible ola de calor que se deja notar incluso en la montaña, ¡esta fuente nos devuelve a la vida! Aunque no estoy aún al 100% me siento eufórico y contento por haberme recuperado y poder afrontar el descenso hasta Aínsa en mejores condiciones.

Espectador de excepción,

Espectador de excepción,

Avituallamiento estratégico antes de la bajda a Aínsa.

Avituallamiento estratégico antes de la bajda a Aínsa.

En La Collada, tras la Peña Montañesa y justo antes de empezar a bajar hay otro avituallamiento. Sigo comiendo, pero ya con menos urgencias, los depósitos vuelven a estar llenos y estoy listo para un descenso técnico y largo. Me siento orgulloso de cómo he gestionado la situación, sin perder la calma, con paciencia, sabiendo que estaba bien y que lo único que me pasaba es que iba en “reserva”. El grupo también ayuda, es muy importante que los que te acompañan también tengan paciencia y comprensión contigo, para que solo tengas que preocuparte de ir alimentándote y si necesitas parar te esperen. Gracias a esta buena entente llegamos todos juntos y con mucho ánimo al inicio del descenso.

Quizás otro día, ahora hemos de seguir el track.

Quizás otro día, ahora hemos de seguir el track.

He de reconocer que el descenso hasta Aínsa me imponía respeto. No destaco precisamente por mi técnica en las bajadas, aunque me defiendo e incluso disfruto. Y si no lo veo claro, paro y me bajo, al fin y al cabo, en una prueba como esta es muy importante no jugársela, pues hay que mantener la mecánica y sobre todo, no hacerse daño.

Afrontado la bajada hasta Aínsa totalmente recuperado.

Afrontado la bajada hasta Aínsa totalmente recuperado.

Los 15 km desde La Collada hasta casi llegar a Aínsa, en los que se descienden casi 1.000m, tienen un poco de todo. Tramos que imponen, como un sendero en la parte inicial que transcurre por una ladera llena de piedra suelta con su correspondiente barranco al lado, y también sectores que fluyen entre los árboles del bosque (el famoso “flow” del que hablan los anglosajones) y que te permiten anticipar y jugar con la colocación del cuerpo sobre la bicicleta para ser más eficiente en los giros y al superar los obstáculos del camino. O la espectacular última parte, pasado el Pueyo de Araguás, conocida como Badlands, y que es un sendero que recorre una serie de colinas peladas (hay muy poca vegetación o árboles) compuestas de rocas sedimentarias o margas. Este es un tramo muy conocido por aparecer en numerosos reportajes fotográficos de las revistas del sector (además de formar parte del recorrido de competiciones internacionales de enduro) y que se presta a espectaculares saltos. Tanto es así que allí se apostaron los fotógrafos que siguen la Transpyr, animando a los corredores con gritos de “¡salta, salta!”. Pero como yo no soy un corredor de enduro, sino más bien un amateur de los ultramaratones MTB y hay que cuidar la mecánica y el físico, declino amablemente la proposición.

Llegar a la meta siempre es una alegría, y más en una prueba tan dura como esta, pero la llegada a la Plaza Mayor de Aínsa es especial, ¡y eso que se llega tras una subida de 1km al 5%! (no es nada, pero tras 95km…). No solo porque es un conjunto medieval de gran belleza,  sino porque ha sido una etapa en la que lo he pasado mal y a pesar de todo he podido recuperarme y disfrutar finalmente de uno de los tramos más espectaculares de toda la Transpyr. Además, llegamos relativamente pronto, esta etapa de 95km y 2500m de desnivel positivo “solo” nos ha llevado 8h 52m, y por tanto vamos un poco mejor de tiempo.

Tras cruzar la meta me dirijo al Transpyr Camp donde dejo la bicicleta en manos de los mecánicos y pido hora para el masaje. En el hotel, el ritual de todos los días, deshacer maleta, ducha, preparación del material, pero hoy por fin tengo tiempo como para dar una vuelta por Aínsa y localizar un buen sitio para comer. Creo que es el primer día que además de la alegría natural por continuar dentro de los tiempos y por tanto seguir encaminado hacia la consecución del maillot de finisher, me siento complacido, incluso orgulloso de mi mismo. ¡Y lo celebro con la primera cerveza de la Transpyr!

El día acaba con un masaje reparador, ¡tan reparador que casi me tienen que tirar de la camilla de lo a gusto que estaba!

Transpyr 2015 Etapa 3: La Seu d’Urgell – El Pont de Suert

El desayuno en el Hotel es tan bueno como la cena. ¡Cómo se agradecen estas cosas! Jamón, tortilla de patatas, pa amb tomàquet, pastel casero. No hay mejor manera de empezar el día. Comparto mesa con cuatro ciclistas vascos que están haciendo la Transpyr Road. Algún día me gustaría hacerla… quizás en 2017. Le tengo mucho respeto a la versión Road. Los desarrollos duros, el asfalto caliente y abrasador, la posición en la bicicleta menos dinámica… ¿Pero qué hago pensando en 2017? ¡Si el año que viene voy a repetir con mi primo, que este año no ha podido venir por lesión!

Tener la bici revisada y limpia cada mañana tiene precio, pero vale mucho la pena. ¡Gracias, +QueBici!

Tener la bici revisada y limpia cada mañana tiene precio, pero vale mucho la pena. ¡Gracias, +QueBici!

Me reencuentro con Iñigo en la salida. Me cuenta que en el Camp no se descansa mucho, es de los que cuando suena el primer despertador, ya no se vuelve a dormir. A mí me pasa lo mismo, estoy lleno de manías a la hora de dormir, y por eso contraté el paquete de hotel. Tampoco es que yo descanse a pierna suelta…

No hay euforia en la salida, pero hemos superado ya dos etapas. Todo lo que podemos decir es que estamos listos para otro día, y eso es justo lo que necesitamos para superar este reto, ir día a día, sin pensar en mañana, solo en la ruta que tenemos por delante. Y vaya ruta, hoy tenemos por delante la que muchos consideran la etapa “reina” de la Transpyr, 120 km y 3500 metros de desnivel positivo acumulado, que nos llevarán hasta el Pont de Suert.

Pocos metros después de la salida pasamos frente al cuartel de bomberos. Me dirijo a ellos señalando a Iñigo, “ehhh, ¡aquí tenéis a un compañero vuestro, bombero de Donosti!”. Cuando me enteré de que mi compañero iba a ser un “bombero de Donosti” me alegré un montón. Los bomberos son siempre buenas personas, que no rescatan bancos, sino que rescatan a gatitos y perritos en peligro, además de apagar fuegos y otras heroicidades, ¿verdad? Generalizaciones aparte, eso me dio un plus de tranquilidad, ¡por lo menos iría acompañado de alguien acostumbrado a rescatar a gente! Bueno, yo también tengo algo de entreno en rescates, pero de submarinismo, y de eso hace ya algún tiempo… si alguien se cae a un río o a un lago… Siempre he tenido bastante suerte en la vida con las personas con las que me he ido encontrando. Y con Iñigo no ha sido una excepción. Además afrontamos la prueba con una mentalidad muy parecida, muy “diesel”, ir a nuestro ritmo, con precaución, a acabar.

Los primeros 12 km transcurren junto al río Segre, por caminos estrechos que bordean campos de cultivo. Son muy planos y aún vamos bastante agrupados. Enlazamos con una pista forestal de tierra rojiza y empieza una corta pero dura ascensión seguida de la correspondiente empinada bajada que nos llevará a otro valle, cerca de Noves de Segre. Desde allí, y ahora por carretera, seguimos ascendiendo, próxima parada, el avituallamiento de Castellà. Son 12 km en los que superaremos 681 metros de desnivel positivo acumulado, con un porcentaje medio del 4%. Tardamos poco más de hora y media en llegar a Castellà, donde además del avituallamiento nos espera un vecino que acostumbra a amenizar a los participantes de la Transpyr con la música de su acordeón.

Aun queda para coronar Les Piques, en la serra de Mollet, antes de iniciar la bajada a Gerri de la Sal.

Aun queda para coronar Les Piques, en la serra de Mollet, antes de iniciar la bajada a Gerri de la Sal.

Nos queda aún un largo camino hasta el avituallamiento de la comida, en Gerri de la Sal, y aunque buena parte del camino es de bajada, aún nos quedan casi 10 km de ascensión, con un buen porcentaje medio del 6%. Tardamos 1 hora y 20 minutos en coronar, si no me equivoco estamos muy cerca del pico de la Corona Alta. Poco antes de llegar al punto que marcaría el inicio del largo descenso hasta Gerri de la Sal, los fotógrafos de Foto Sport Barcelona nos esperan. De hecho hay un buen puñado de ciclistas en el lugar. Grabo un pequeño vídeo, cuando faltan unos metros para coronar, en el que explico las sensaciones que uno tiene cuando mira hacia arriba, y en vez de verde y marrón, lo que ve es el azul del cielo. ¡La cima está cerca!

[Youtube]

En el perfil de la etapa ya hemos podido comprobar que la bajada hasta Gerri de la Sal es una de las más largas de la Transpyr 2015. Son más de 20 km y más de 1000 metros de desnivel negativo acumulado. El track transcurre casi en su totalidad por una pista pedregosa pero que permite ir bastante rápido. Atravesamos el pueblo abandonado de Sant Sebastià de Buseu y luego enlazamos con una pequeña carretera local asfaltada cerca de Baen para finalmente entrar en un sendero empinado y peligroso de unos 2 km en Bresca que nos dejará en Gerri de la Sal. Iniciamos el descenso a buena marcha, con cuidado de no chocar con alguna de las piedras más grandes que vamos encontrando, o con algunas de las ramas caídas de los árboles cercanos. Hay un trozo particularmente rápido, en el que se alternan largas rectas con giros muy cerrados. El bosque que atravesamos es frondoso, y por lo tanto en sombra, pero a medida que descendemos comprobamos que el calor es otra vez muy fuerte. Aunque parece un tramo fácil, en el que poder descansar, brazos y piernas notan el esfuerzo. Al final me duelen las puntas de los pies y también los dedos de las manos encargados de frenar.

A punto de llegar a Gerri de la Sal, mientras negocia una trialera con grandes piedras sueltas, Iñigo está a punto de caer por un barranco. Por suerte queda frenado por un arbusto, mientras acudo junto a otro corredor a levantarlo. No ha pasado nada, pero poco ha faltado. La Transpyr no es una prueba especialmente peligrosa, pero basta un descuido, una piedra en medio del sendero, para tener un accidente grave. Esto puede pasar también un domingo cualquiera, saliendo con los amigos, pero nos queda aún un largo camino hasta Hondarribia y hay que extremar las precauciones.

El calor en Gerri de la Sal es extremo, es un valle estrecho, y en palabras de un miembro de la organización “a estas horas se calienta como una olla en el fuego”. Por suerte el avituallamiento se encuentra en una especie de chiringuito rodeado de enormes pinos junto al río. Nos refrescamos con una manguera de la que sale un agua helada, ¡qué contraste! Como un plato de espaguetis con tomate, con bastante desgana, la verdad. Para un sibarita de la pasta como yo… ¡Pero hay que comer! No puedo estar alimentándome todo el día de sandía (agua y azúcar), aunque refrescante y muy apetecible, no es alimento para lo que nos queda aún.

El avituallamiento en Gerri de la Sal, arboleda junto al río, sombra, fresco, lástima que sea por poco tiempo.

El avituallamiento en Gerri de la Sal, arboleda junto al río, sombra, fresco, lástima que sea por poco tiempo.

Es una sensación un poco frustrante la que tengo mientras acabo de comer. En el chiringuito se está muy bien, en la sombra, muy fresco. ¿Y ahora tenemos que volver a subir a la bicicleta y pedalear cuando el sol está pegando más duramente? Efectivamente, hay que continuar, no podemos perder tiempo, así que nos volvemos a remojar con la manguera y de vuelta a la bicicleta.

Nos quedan aún dos ascensiones importantes antes de llegar al final de la etapa y la primera de ellas la vamos a hacer en las horas más calurosas del día. Saliendo de Gerri de la Sal circulamos unos pocos kilómetros por carretera nacional antes de iniciar el ascenso por una pista de tierra. En total serán 16,4 km con un desnivel positivo acumulado de 531 metros, antes de iniciar un descenso hasta el avituallamiento situado en Senterada. No todo el tramo es de subida, pero lo que predomina es ir acumulando desnivel positivo. Tampoco subimos con unos porcentajes exagerados, pero el calor es de nuevo asfixiante. Durante la subida paramos un par de veces, de manera extraordinaria. La primera parada es para esperar a unos compañeros. Uno de ellos tiene problemas con su pierna, más tarde le será diagnosticada una flebitis que le obligará a descansar durante dos días. La otra parada es para echar una mano a un par de corredoras que han pinchado y necesitan algún recambio que otro (cuando averiguamos qué tipo de pinchazo es). Mientras tanto, un par de cazas de combate hacen prácticas de dogfighting en las montañas cercanas.

Pronto abandonamos la pista y entramos en una serie de senderos que bordean campos de cultivos delimitados por muros hechos con piedras apiladas. Es un terreno ondulado, pero circulamos despacio porque hay mucha piedra y cambios de dirección, árboles por el medio, etc. Antes de coronar pasamos junto a un lago del que nos han hablado en el briefing. Ni siquiera paramos, la etapa de hoy, posiblemente una de las más duras, va a ser muy larga, y vamos con el chip de “no hay tiempo, no hay tiempo”.

Después de coronar nos queda una bajada de casi 5 km hasta Senterada. Los últimos 2 km de esta bajada son por un sendero técnico, difícil, muy empinado, con un porcentaje medio del 12,5% y en el que descendemos nada menos que 273 metros. El tramo final es de aquellos que me hacen dudar de si bajarme de la bici o no, una trialera pelada y resbaladiza que acaba bruscamente en una pista. Me lanzo, la bajo, sin caerme. ¡Parece que voy aprendiendo algo! Llegamos al avituallamiento de Senterada, en una arboleda junto a la piscina municipal. Nos entran unas ganas locas de bañarnos, pero nos conformamos con una manguera (¡suerte de las mangueras!) y con un avituallamiento que además de la sandía y los frutos secos nos ofrece un pequeño bocadillo de embutido y refresco de cola frío. Me sienta todo estupendamente. Estoy incluso eufórico, nos acabamos de refrescar, de comer con ganas, el calor ha empezado a remitir un poco y ya solo nos queda una ascensión antes de acometer la última bajada del día, que nos llevará al Pont de Suert, y además por una carretera asfaltada (bajada + asfalto = velocidad, algo de lo que no andamos muy sobrados precisamente).

Salimos del avituallamiento lo más frescos que hemos podido, a partir de ahora casi todo subida hasta coronar, unos 12,3 km por carretera y pista compactada, con una pendiente media del 4,9% y 601 metros de desnivel positivo acumulado hasta arriba. No vamos muy rápido, a unos 7 km/h de media tardamos 1 hora y 46 minutos hasta el punto más alto. Poco antes pasamos por el pueblo de Cérvoles, encaramado en un risco imposible. Hacemos algunas paradas para esperar a los compañeros. Hoy sí vamos en grupo todo el rato, y juntos llegaremos hasta la meta. Aunque el ánimo es bueno, el cansancio acumulado en el día de hoy hace mella, llevamos casi 100 km y aún después de coronar, nos queda un repecho de un par de kilómetros.

Cérvoles, un pueblo espectacular.

Cérvoles, un pueblo espectacular.

Por lo menos, el tramo final no tiene trampa alguna, pura bajada de asfalto en una carretera solitaria. Son 10,5 km hasta el Pont de Suert, en los que descendemos 351 metros. Tardamos 18 minutos, a la increíble velocidad media de 35 km/h. Al menos en la bajada soy de los más rápidos y nadie me tiene que esperar. El efecto de la bajada, avanzar sin apenas esfuerzo, hace que la euforia haga su aparición de nuevo. Entramos en el Pont de Suert sonriendo y saludando. Otro ciclista nos advierte desde la calzada “daos prisa, estáis a punto de no pasar el corte, es a las 8 de la tarde”. Miro el reloj, las 19:56. No quedan ni cien metros para la llegada. Pasamos el corte.

En esta etapa, muy larga, y podríamos haber ido un poco más rápido simplemente perdiendo menos tiempo. Pero hemos preferido evitar estar pendiente del reloj, para no estresarnos más aún. Con el calor que estamos sufriendo, me parece excesiva además la presión del cronómetro. Aunque parezca mentira, mi única obsesión es no forzar demasiado y no sufrir un golpe de calor. Lo de ser finisher, aunque presente, queda a un lado. Así de duras estan las cosas.

En lo físico, aunque cansado, no estoy mal. Los fisios me aseguran que a nivel muscular estoy muy bien. Y es que, exceptuando la primera etapa, no he forzado la máquina, por la razón antes expuesta, por el miedo a los efectos del calor. Sí que arrastro un pequeño problema en las manos: los dedos meñique y anular presentan un poco de entumecimiento, junto con una parte de la palma de la mano. Los tengo un poco dormidos, algo que no afecta para nada a mi capacidad de ejercer fuerza con la mano. De hecho me di cuenta ayer, al bajarme de la bici. Posiblemente es un problema de cervicales, por lo que he aligerado algo de peso la mochila eliminando cosas (el botiquín), y llenando menos el camelback (1,5 l en vez de 2l), además de ajustarme mejor las correas.

Después de instalarme en el hotel busco un restaurante (el de un hotel cercano). Bebo agua sin parar y me como un canelón primitivo de la Cerdanya y una pierna de cordero hecha a fuego lento al horno. No me la acabo, ¡tengo miedo de empacharme!

Poco a poco, muy poco a poco, empiezo a animarme por haber acabado una etapa más, una de las más duras de esta Transpyr 2015. Casi no entramos en el corte, pero seguimos en carrera. Mañana solo serán 95 km, después de tres etapas de más de 110 km cada una, ¡hay motivo para la esperanza!

Transpyr 2015 Etapa 2: Camprodon – La Seu d’Urgell

Me levanto antes de que suene el despertador, para variar. El desayuno se sirve en un clásico salón del Hotel Camprodon. Con el impacto del día anterior aún presente, no el cansancio en sí, sino una especie de aturdimiento, y viendo a los ciclistas presentes, tan enteros, tan sonrientes, me siento totalmente fuera de lugar. Desde mi mesa, desayunando solo (Iñigo dormía en el Camp, que más tarde cambiaría por un Hotel en compañía de su familia) escruto las caras y el lenguaje corporal de mis compañeros de ruta, intentando averiguar si como yo, están tocados y lo disimulan o bien lo de ayer no les ha afectado en absoluto. Me parecen todos magníficos, frescos, confiados, seguros de sí mismos… Pero de nuevo, no tengo mucho tiempo que perder, tengo que comer, acabar de recoger la habitación y salir hacia el Camp para recoger mi bicicleta. De camino al Camp, en un taxi que me han pedido en el Hotel, veo a un par de ciclistas caminando (con las incómodas zapatillas de ciclismo y sus calas metálicas). No reacciono a tiempo y no acierto a indicar al taxista a que pare, una oportunidad perdida para hacer la buena acción del día.

Listos para la salida desde Camprodon.

Listos para la salida desde Camprodon.

Ya en el Camp, voy a buscar a Iñigo. Ayer le cedí mi sesión de fisioterapia para que se pudiese recuperar bien de los calambres de la última parte de la etapa de ayer. Me lo encuentro bastante bien, contento porque los problemas musculares del día anterior eran debidos a una deficiente hidratación, y por tanto no deberían repetirse si toma precauciones.

Antes de salir, grabo un pequeño vídeo (¡lástima que no haya grabado más vídeos de este tipo!) en el que resumo la (dura) experiencia del día anterior:

[youtube]

Iniciamos el camino hacia La Seu d’Urgell hacia las 8 y 20 de la mañana, yo intento dejarme llevar por el automatismo del grupo, sin pensar demasiado en el día de ayer, al fin y al cabo, ya superado. La temperatura a estas horas es fantástica, unos 18 grados, aunque a medida que la mañana avanza y vamos ascendiendo, la temperatura hace lo propio. Apenas unos pocos kilómetros de llano saliendo de Camprodon y un giro a la izquierda nos lleva a unas tremendas rampas asfaltadas. Veo a un ciclista parar, bajarse de la bicicleta y decirle a su compañero “estoy fatal”. Me consuelo pensando en que no estoy tan mal. Ni yo ni mi compañero, que después del susto de ayer parece totalmente recuperado. Tenemos por delante unos 7 km de subida con unos porcentajes importantes, por una pista que no está muy mal. Yo sigo con mi idea de dosificar las fuerzas, no es solamente por el mucho respeto que le tengo a esta Transpyr, sino por las condiciones metereológicas. Estamos inmersos en una ola de calor que parece que nos va a acompañar durante toda la semana, y mi principal preocupación es no sufrir un golpe de calor, aunque eso signifique ralentizar la marcha aún más.

El primer descanso subiendo la Collada Verda después de unas durísimas rampas.

El primer descanso subiendo la Collada Verda después de unas durísimas rampas.

Coronamos, dejando atrás la Collada Verda y empieza el descenso hacia el primer avituallamiento del día, en Ribes de Freser. Me parece un descenso peligroso, pues se trata de una pista con mucha piedra suelta, aunque el trazado sea predecible y haya buena visibilidad de lo que viene por delante. Algún susto “surfeando” entre las rocas confirma mis temores, mejor no arriesgar.

Íñigo y un servidor coronando la Collada Verda

Íñigo y un servidor coronando la Collada Verda

Después del avituallamiento en Ribes de Freser nos espera uno de los tramos más temidos de esta Transpyr 2015. Se trata de la subida a la estación de esquí de La Molina. Son 27,5km hasta coronar en los que ascenderemos1300m de desnivel positivo, coronando la Serra de Montgrony. Antes de empezar a subir paramos en un supermercado donde Iñigo hace acopio de bebidas isotónicas, con las que rellena su camelback. Son casi las 12 del mediodía cuando empezamos a subir, y el calor ya aprieta de nuevo. La ascensión es primero por una carretera asfaltada pero pronto cambia a una pista, no demasiado rota, pero que no para de subir. No es tan malo como el día anterior, pero sigo sintiéndome superado por la sensación de calor, asfixiante. De nuevo necesito parar en las sombras cada dos por tres, beber, respirar, recuperarme. Iñigo parece que lo lleva mejor, al menos no se queja tanto como yo.

Si la primera etapa la hicimos prácticamente en solitario, en esta empezamos a frecuentar caras (y espaldas, y culos, y bicis, y maillots, cualquier cosa que identifique a un ciclista) que se nos hacen cada vez más familiares. Aún así en esta primera parte somos Iñigo y yo solos. Cerca de coronar, a punto de pasar al otro lado de la Serra de Montgrony a la que hemos ascendido, tenemos un despiste y nos equivocamos de camino, hacemos, entre la ida y la vuelta, casi 4 km de más, con unas rampas impresionantes. Perdemos tanto tiempo que nos quedamos por detrás de los dos ciclistas “escobas”. Rápidamente les “adelantamos” para que sigan haciendo su trabajo, y seguimos. Vamos los últimos, claro.

Estas bonitas praderas hacen el avance difícil.

Estas bonitas praderas hacen el avance difícil.

El paisaje es precioso, prados de un verde intenso, rodeados de montañas, pero avanzar cuesta mucho esfuerzo. Circulamos sobre la hierba, y esta cede apenas unos milímetros a nuestro paso, lo que hace que perdamos tracción y desperdiciemos los preciosos vatios que ponemos en cada pedalada. El track marca un desvío a la derecha, una senda que sube entre raíces y piedras. Imposible ir montado en la bicicleta, creo que ni de bajada. Es uno de esos tramos que no se te olvidan, por lo despacio que avanzamos, aunque en la sombra, pues transcurre por una arboleda, necesito parar cada poco tiempo, el calor me está matando, de nuevo. Las cifras del track son tremendas, apenas 800 metros y 174 metros de desnivel positivo, con una pendiente media del 22%, que tardamos 21 minutos en recorrer. Penoso.

Después de coronar ya estamos en la vertiente que nos llevará a La Molina, pero no todo es bajada. Tras pistear un rato y encontrarnos una furgoneta de la organización donde podemos rellenar los bidones, llegamos a la carretera que lleva a la estación de esquí desde Castellar de N’Hug. Son dos o tres kilómetros de asfalto con un desnivel llevadero, pero se nos hacen largos. Y nos sentimos solos, tenemos una visión panorámica del trazado y apenas vemos un ciclista a lo lejos, el habernos perdido nos ha dejado en la solitaria cola de la carrera. Por fin llegamos a la cima y empieza la bajada por el asfalto. Aprovecho para saborear el momento, para hacer el numerito “Titanic”, pero lanzado a toda velocidad, brazos abiertos… Pero no mucho, ¡caerse ahora sería estúpido!

Llegamos a la estación de esquí de La Molina a las cuatro de la tarde, ahí nos espera el segundo avituallamiento, el de la comida. Nada más llegar, un aviso de un miembro de la organización nos deja con la moral por los suelos… “No os podéis entretener mucho, solo tenéis dos horas para llegar al siguiente avituallamiento”. En la Transpyr hay dos cortes horarios, uno en la llegada, y otro en el último avituallamiento. Y si quieres ser finisher, tener tu maillot conmemorativo, y tu diploma, tienes que entrar antes del corte.

Comemos a toda prisa, lo cual empieza a ser ya una costumbre y cuando nos disponemos a salir de nuevo, otra sorpresa. Un corredor sudafricano, que va solo, se ha quedado sin batería en el GPS y necesita unirse a nosotros. Un poco a regañadientes, pues ha llegado después que nosotros y eso significa que aún va más lento, aceptamos. No puede ser de otra manera, por otra parte. Esto me pasó a mí, sin ir más lejos, en la maratón de la Volta al Penedès, y pude continuar y evitar el abandono precisamente porque me pude unir a otro corredor. Pero en ese momento nos parecía una complicación añadida… y no nos equivocábamos.

Iniciando el descenso después del avituallamiento en La Molina, aún por pista.

Iniciando el descenso después del avituallamiento en La Molina, aún por pista. El corredor sudafricáno nos sigue.

Empezamos un descenso vertiginoso hacia el valle por un sendero digno de una prueba de enduro, estrecho, empinado. Incluso encontramos un barrizal que nos obliga a poner el pie en tierra. Por lo menos transcurre entre sombras y el calor nos da un respiro… hasta que llegamos al valle. Donde el sol vuelve a ser el protagonista, el calor aprieta de nuevo, y de qué manera. El sudafricano tiene un pinchazo. Lleva tubeless, por lo que una vez que el líquido selle el agujero solo basta hinchar la rueda. En el primer intento gasta un cartucho de CO2, y lo que es peor, rompe el conector. La rueda sigue deshinchada y nuestro nuevo compañero ya no lleva más cartuchos de CO2. Así que le prestamos lo que necesita, con el consiguiente mosqueo… ¿y si lo necesitamos nosotros después? Empiezo a ponerme nervioso, no vamos a llegar al corte horario, y no va a ser culpa nuestra. Con la rueda ya reparada, seguimos, pero hemos de detenernos para esperarlo en los repechos. En una de esas, su rueda se ha vuelto a deshinchar. Estamos en un pueblo cerca de la carretera. Tomamos una decisión, vamos a dejarlo ahí, le recomendamos que llame a la organización para que lo recoja. Quizás no será finisher, pero podrá continuar mañana. Seguimos a toda la, poca, velocidad, que somos capaces. Llegamos a Martinet, el avituallamiento, 18 minutos después de la hora de corte. Realmente en ese momento no tengo ganas de discutir ni de reclamar. Tampoco nadie de la organización me dice oficialmente que estamos fuera de tiempo. Tengo mis excusas preparadas.

Rasguños y barro.

Rasguños y barro.

Ser finisher es muy importante para mí. Es el objetivo que me he marcado, no es cuestión de vida o muerte, pero creo que es algo que está a mi alcance, y no conseguirlo, por circunstancias ajenas a mí o mi equipo, me fastidiaría bastante. Las excusas, algo hay que pensar para distraerse encima de la bici, son que hemos salido a las 8 y veinte de la mañana, en vez de a las 8 en punto, y que nos hemos retrasado por ayudar a otro corredor (hasta que lo dejamos en un punto más o menos seguro). Por suerte, nada de esto es necesario, pues al día siguiente comprobamos que seguimos en los tiempos oficiales…

Pero la etapa no acaba en Martinet. Hay que llegar a La Seu d’Urgell, ¡está solo a 25 km! Pan comido, y además todo es bajada. Pero las distancias y los desniveles, en una prueba como esta, son realmente relativos. Estos 25 km transcurren en su mayoría por senderos paralelos al río Segre y pese a ir perdiendo altura, suben y bajan, y algunos tramos son muy estrechos, técnicos, tanto que hay que poner pie en tierra más de una vez. Pero por primera vez en esta Transpyr 2015, no estamos solos, al salir de Martinet nos unimos a un grupo (Jordi, Israel, Macca…), y aunque finalmente no llegamos juntos a La Seu, ya se convertirá en nuestra grupeta hasta finalizar la Transpyr.

Ir en grupo quizás no es la opción más rápida, pues hay que ir esperando a los más lentos (entre los que me encuentro), pero definitivamente es mucho más divertido y seguro. En caso de avería, caída, necesidad de comida o de bebida, hay muchas más posibilidades de resolver la situación. Además tienes una audiencia mayor para tus pésimos chistes.

Poco antes de llegar a La Seu d’Urgell, perdemos el track y tenemos que volver sobre nuestros pasos, en realidad no es muy grave, ya estamos casi llegando y en vez de cruzar el río por un puente lo hacemos por el siguiente. Ha sido un día muy largo de nuevo, pero estamos en La Seu d’Urgell y hemos completado otra etapa. El ánimo está quizás un poco mejor que el de ayer, pero aún me siento algo sobrepasado por la dureza de la prueba hasta ahora. Poco antes de recibir mi primera sesión de fisioterapia, grabo este breve testimonio, con la Serra del Cadí al fondo como impresionante decorado.

[Youtube]

A pesar de todo, las cosas mejoran. A pesar de habernos pasado más de 11 horas en la bici, las sensaciones son mejores que las de ayer, he pasado por el fisio y tengo mi montura ya limpia y revisada. Hemos superado ya dos etapas, a pesar de todos los problemas, el calor, el cansancio. Es muy importante. No hemos abandonado, no hemos tirado la toalla. Somos lentos, sí, pero seguimos en los tiempos oficiales, seguimos, seguimos. Solo me queda ir al hotel, que se llama Nice (espero que lo sea) ducharme y cenar. Al llegar, echo un vistazo al restaurante, veo una nevera con los postres, caseros. Me convence y decido cenar ahí. Ceno estupendamente, ¡qué diferencia con el día de ayer! Salmón a la plancha con verduritas y un buen plato de pasta, y mucha agua. No me apetece aún, y creo que no me atrevo, a tomar una cerveza. Aún no tengo confianza en mi cuerpo, igual me da algo, pienso. Cenar bien no solamente me reconforta el cuerpo, sino que también me da muchos ánimos. Comer bien siempre me pone de buen humor, y en estas circunstancias es aún más importante que los ánimos estén bien arriba.

La nevera que me hizo pensar "aquí se cenará bien".

La nevera que me hizo pensar “aquí se cenará bien”.

En la habitación, la rutina: lavar la ropa del día, poner a secar la del día anterior (que no se había secado del todo aún), prepararlo todo para que mañana pierda el menor tiempo posible, y por tanto pueda levantarme más tarde. Cargar los aparatos tecnológicos, cargar las ortofotos de satélite en el GPS y los tracks del día siguiente, entrar en Facebook para compartir con familia y amigos las vicisitudes de la etapa. Ver algo de televisión para desconectar y… bona nit.

Transpyr 2015 Etapa 1: Roses – Camprodon

Vídeo resumen de la etapa (no hay grabaciones más allá de Oix, demasiado calor, el chesty de la Gopro me agobiaba mucho).

Primeros metros de la Transpyr, en Roses

Primeros metros de la Transpyr, en Roses

La Transpyr tiene un inicio engañosamente sencillo. Son los primeros 31,2km hasta el primer avituallamiento en Pont de Molins. Muy planos (tan solo 77 metros de desnivel positivo), y transcurriendo a través de caminos de tierra en buen estado, nos llevó apenas una hora y media. Con un terreno tan favorable, puede parecer una velocidad media lenta, unos 21 km/h, pero ya estamos concienciados de que hay que dosificar, pues sabemos que va a ser un día muy caluroso, y que el calor nos va a pillar en plena ascensión.

Dejando Pont de Molins empieza ya la Transpyr de verdad, aunque el terreno no presenta  aún grandes dificultades ni tampoco nos enfrentamos a desniveles muy importantes. Desde Pont de Molins al siguiente avituallamiento, en Beuda, recorremos 31,6 km en 2 h y 36 minutos, a una media de 13 km/h y superando un desnivel acumulado de 732 m.  A la hora de llegada al avituallamiento, las 12 del mediodía, el calor es ya muy intenso.

Las cosas se empiezan a poner feas a las 14 horas, cuando me veo obligado a parar a descansar. Me encuentro  asfixiado de calor y veo que el camino empieza a ir para arriba. Antes de afrontarlo, aprovechando una sombra, paramos para comer y beber algo (aunque solo ha pasado menos de hora y media desde el avituallamiento de la comida), me quito el arnés y la cámara GoPro que llevaba en el pecho porque me oprime y me da la desagradable sensación de que me falta el aire.

Los siguientes 3,5 km, todos de subida y en los que ascendemos “solo” 275 metros, son realmente penosos. Tardamos 55 minutos, a una ridícula velocidad media de 3,9 km/h. Empiezo a tener conciencia de lo duro que va a ser esta Transpyr 2015, marcada por una ola de calor extremo. Mi obsesión es no sufrir un golpe de calor, y entro en modo de “seguridad”, dispuesto a parar tantas veces como sea necesario, hidratarme bien y no forzar en absoluto. Hay momentos en los que avanzo, empujando la bici, de sombra en sombra. No doy para más. Además, estos 3,5 km transcurren en gran parte por senderos muy poco ciclables, donde hay que cargar la bicicleta, en las peores horas de calor. En un momento dado pienso que quizás me he equivocado apuntándome a la Transpyr… llevo muy mal el calor y el primer día encontrarte esto desanima mucho. Por no hablar de que mi compañero no parece tan afectado y esto siempre sabe mal, ser el “lento”, el que obliga a los demás a esperarte…

Por suerte, tras coronar este tramo, corto pero muy complicado, viene la bajada hasta Oix, donde se encuentra el último avituallamiento. Llegamos a las 15:30 y el calor es brutal. Por suerte hay una fuente de agua que brota casi helada (o quizás no tanto, pero el contraste con nuestra temperatura corporal hace que así lo parezca). Bebó y me mojo de pies a cabeza en la fuente. En este avituallamiento permanecemos casi media hora (en el primer avituallamiento apenas 10 minutos, en el segundo, el de la comida, menos de 20 minutos).

Es en este avituallamiento cuando presenciamos  los primeros abandonos. Un grupo de ciclistas descansan  tendidos en el suelo y uno de ellos niega con la cabeza, no aguanta más y abandona.

En este avituallamiento se da una circunstancia que por poco le amarga la Transpyr entera a mi compañero Iñigo. La organización no esta muy atenta porque no tiene bebidas frías y mi compañero bebe dos vasos de Coca Cola caliente que le sientan como un tiro. Sin saberlo en ese momento, esos dos vasos de bebida caliente provocan que Iñigo se deshidratase, perdiendo líquidos y sobre todo minerales y electrolitos. Aunque después del avituallamiento siguió bebiendo su cuerpo no admite el líquido y lo vomita constantemente. Esto le pasa factura en forma de dolorosos calambres que le acompañn en el tramo final hasta Camprodon.

A dos horas de la llegada, cerca de Sant Pau de Seguries.

A dos horas de la llegada, cerca de Sant Pau de Seguries.

Este último tramo, desde Oix hasta Camprodon, con una distancia de 27,6 km y un desnivel positivo acumulado de 728 metros lo recorremos en 3 horas y 31 minutos, a una velocidad media de 7,9 km/h. Paramos varias veces pues Iñigo se encuentra fatal, una cosa es el calor y la fatiga, y otra muy diferente los calambres, que te impiden montar en bicicleta con normalidad. Este último tramo se hace verdaderamente interminable. Por suerte transcurre por caminos no muy rotos y con mucha sombra, lo que me da tiempo a recuperarme un poco. Además, cuando tu compañero va mal, de alguna manera tienes que animarle, y eso, de rebote, también te ayuda a sobrellevar las penurias del recorrido.

Finalmente llegamos a Camprodon tras 11 horas. 28 minutos y 56 segundos. Físicamente me siento como un boxeador sonado, medio grogui. Anímicamente, no mucho mejor. La primera etapa de la Transpyr 2015 nos ha golpeado, y bien duro.

Antes de llegar a meta cruzamos el Pont Nou de Camprodon

Antes de llegar a meta cruzamos el Pont Nou de Camprodon

Pero cuando llegas al final de etapa no acaba todo… Hay que llegar hasta el Camp Transpyr, que en este caso no estaba para nada cerca de la llegada, dejar la bici con los mecánicos, pedir hora para el masaje, buscar el hotel, lavar la ropa del día, ducharte, cenar, cargar los aparatos eléctricos para el día siguiente… Y como hemos llegado tan tarde, hemos de hacer esto a toda mecha, para no perder mucho tiempo y poder descansar el mayor número de horas para estar lo más fresco posible al día siguiente.

Gran vista desde la habitación del hotel en Camprodon.

Gran vista desde la habitación del hotel en Camprodon.

Esa noche ceno,  no muy bien, me encuentro mal y no me entra la comida, un plato de espaguetis y una ensalada de tomate y mozzarella… Aún no había descubierto las “dobles cenas”… ¡y es que hay que ir preparado e identificar con antelación los buenos sitios para comer!

Finishers Transpyr 2015

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¡Uy qué lío! El blog sin actualizar desde el inicio de la Transpyr… Lo cierto es que este blog lo lee muy poca gente, mayormente amigos y familiares (de eso se trataba), y casi todos vienen del Facebook. Así que para simplificar las cosas durante la Transpyr fui actualizando a amigos y familiares a través de Facebook. Ahí subía una pequeña crónica cada día con fotos. Pero también inicié este blog como un archivo documental de esta aventura, y por tanto voy a reproducir en sendas entradas del blog las diferentes etapas de la Transpyr, reescribiendo mis apresuradas crónicas en Facebook y añadiendo material gráfico y vídeos que ahora puedo editar más cómodamente.

Iñigo y yo en la "colina de los finishers"

Iñigo y yo en la “colina de los finishers”

A todo esto, y como dice el título de esta entrada, mi compañero Iñigo y yo, los del equipo “Cita a Ciegas”, conseguimos el preciado maillot de finisher de la Transpyr 2015. Nos ha costado un huevo, hemos sufrido mucho, especialmente yo por el calor, hemos ido justos casi siempre en los cortes horarios, pero al final lo hemos conseguido. Ha sido una Transpyr, de nuevo este año, muy dura, debido a las condiciones climatológicas, si la proporción de finishers suele ser de entre el 80 y el 85%, este año apenas ha llegado al 70%. El primer día ya hubo muchos abandonos. Cuando llegué a Camprodon estaba grogui, convencido de que me había metido en un berenjenal importante.

Con paciencia y mucha precaución para dosificar las fuerzas se fueron sucediendo las etapas, sin grandes contratiempos. Aunque algunos hubo. En la cuarta etapa una pájara por no comer suficiente. Y en la última etapa una mala noche y un peor estómago hicieron que me levantáse sin fuerzas. Todo se superó a base de mentalización y método  (recuperarse de una pájara montado en la bici, comiendo y bebiendo), compañerismo y como he dicho, paciencia.

Hemos acabado penúltimos, aunque eso es lo de menos, realmente, pero hemos acabado, sanos y salvos, en bastante buen estado físico, la verdad, y hemos vivido una experiencia inolvidable. Dura, sí, pero ha sido un auténtico lujo, atravesar en una semana los Pirineos, con asistencias, mecánicos, fisios, durmiendo en el hotel… ¡Somos unos putos privilegiados!

Así que en breve iré pasando a limpio multimedia las siete etapas de la Transpyr en la que conseguimos el reto de ser finishers.

Mañana empieza todo

Mañana la saco del hotel, tranquilos.

Mañana la saco del hotel, tranquilos.

El día 0, o el día -1 es hoy. Un día en Roses de preparativos, de idas y venidas, del hotel al Camp, con ratos de descanso, de playa, de piscina. Esta mañana, bien temprano, mi primo y entrenador personal Javier nos ha acompañado a Sonia y a mi a Roses, ¡hemos llegado a las 7:45 h!

Ahora escribo esto recostado en la cama del hotel, comprobando feliz que la conexión a Internet de mi móvil se ha compartido a la primera con mi portátil (¡qué buen augurio!). Ha sido un día muy largo en el que he podido conocer a mi nuevo compañero, Iñigo de Donosti, creo que nos vamos a llevar muy bien, que nos complementamos. Pinta bien.

Ceremonia de bienvenida, con las autoridades y la organización.

Ceremonia de bienvenida, con las autoridades y la organización.

También he podido interactuar con los miembros de la organización en persona, ya tengo todo lo necesario, el chip para los tiempos, los tracks del GPS, la documentación, incluso la botellita de plástico que mañana llenaremos por la mitad de agua del Mediterráneo, para, si todo va bien, acabarla de llenar con agua del Cantábrico.

La bicicleta también ha sido revisada por el equipo mecánico. Todo está a punto, el cuerpo bien cargado de carbohidrátos… Dentro de un rato a dormir. Y mañana, ¡mañana empieza de verdad esto!